7
—Fran Wentworth Havok—
Al otro lado del mundo las cosas se tornaban cada vez más violentas. El ejercito de la Nueva Era no había tenido el éxito que lo llevo a la victoria y conquista de América, en ambas partes los números de muertos y heridos de gravedad crecían a oleadas escabrosas. La gente no sabía hacia qué lado correr y en su mayoría a habían optado por el suicidio. Muchos otros habían decidido saquear las armerías en primera estancia, y defenderse y muchos otros atacaron en gran número a las tropas N E y tomaron sus armas.
Ya no contaban con el efecto sorpresa, y por esa razón cada escuadrón que terminaba en un lugar viajaba a una nueva zona e intentaba poner las cosas bajo control, era un batalla donde no importaban lo números, sino quien era más osado que quien. Y el pueblo europeo había demostrado que aun podía cuidar de sí mismo. Aun así, durante el atardecer del segundo día, en muchos países sonaron altoparlantes con un discurso de rendición. España, Francia, Italia, Suiza, Alemania, Holanda —que no había disparado ningún arma— Bélgica, entre otros, se habían rendido. Y esperaban entablar pronta diplomacia con él nuevo dirigente.
A lo cual Fran Havok respondió con una enorme sonrisa. Europa del Oeste era de su pleno dominio. Y tenía la convicción de que en pocas horas los demás países también se le unirían.
Pero ahora atendía un problema más grande. Su primer discurso. Pero, en vez de presentarse en público, usaría una enorme pantalla para proteger su vida. Poco a poco en Estados Unidos las cosas volvían a la cuasi-normalidad.
—Bien, —dijo, recostándose sobre el respaldo del sillón en la oficina principal de la casa blanca— ¿por donde debería comenzar?
Releía antiguos discursos de ex presidentes de distintas épocas y países. Pero ninguno reunía las cualidades que necesitaba para entablar una buena imagen en el pueblo americano y del mundo. Si las cosas salían como él esperaba, y así seria, pronto adosaría más territorio a su nombre.
Al cabo de diez minutos llamo a una reunión general a la gente más influyente del estado. Su incompetencia llegaba al límite, pero juntos prepararían un buen escrito.
Cerca del mediodía en Washington, en el resto del continente los televisores y radios volvieron a funcionar.
—“Estimado pueblo: este día en particular es la sublimación de un sueño. Un sueño que hace mucho tiempo La Nueva Era, tiene en mente.
‹‹Permítanme presentarme, mi nombre es Fran Wentworth Havok, hasta hace una década atrás era solo el dueño de Havok Industries. La empresa armamentista por excelencia. Pero no era eso lo que quería para el mundo. Lo que quería para el planeta tierra era paz. Paz para la raza humana, ponerle punto final a las guerras inútiles. Que se cobraban miles de víctimas y no generaban nada mas caos”
Tomó un breve respiro, aumentando (actuando) el dramatismo.
—“Quiero hablarles de mi visión, la misma que me llevo a fundar la Orden de La Nueva Era, nosotros, queridos hermanos, forjamos un futuro; no armas, matamos por última vez, no desatamos una guerra. No estamos aquí para adueñarnos del mundo, sino para darle un sentido.
‹‹Quiero decirles algo. Les voy a hacer una confesión. No solo está mi ejercito de buenos hombres y mujeres, sino también varios inversionistas, que al igual que yo vieron un futuro prospero en donde ahora hay sangre y escombros.
‹‹Quiero decirles que aquí se comenzara a trabajar. Ya nos hemos tomado bastante descanso, y el nuevo Orden se hará cargo de todos los daños. El sondeo revela es que hay daños materiales de al menos cien billones de dólares mundiales. La Orden se hará cargo de eso. Así como también de indemnizar a la todas y cada una de las familias que de los países que se adosen a nuestro Orden, que se unan a la Nueva Orden. Yo personalmente los bendeciré y acogeré bajo las alas matriarcales de la Orden.
‹‹Y no solo eso, prometo libertad, libertad de acción, basta de políticos que inventan campañas para llegar al poder y luego robarle el poder al pueblo.
‹‹No mis hermanos, eso se acabo. Los países que firmen el tratado de paz, quedaran bajo libertad de acción, según las normas que impone La Nueva Era.
‹‹Es una Era de cambio, de prosperidad, riqueza, es una era de paz. Una era de amor. Es una era nueva para la raza humana, y nosotros somos los únicos que podemos llevar a la humanidad a ese siguiente estadio”
Los rostros de muchos escépticos comenzaron a cambiar, sus mentes intentaban borrar el violento ataque, lo innecesario de la fuerza, para comenzar a creer en lo que Havok decía.
A lo largo del continente, la Orden de La Nueva Era, había ganado millones de adeptos. Ganando una fuerza muy característica a la de la Iglesia, pero
Pero muchos de esos nuevos adeptos aun querían derrocar al nuevo jerarca totalitarista. ¿Cómo luchar contra una fuerza mundial tan grande? —Se preguntaron muchos—.
Havok estaba en la cima del mundo, una vez más, viendo con sus propios ojos el futuro que tenía preparado para Norte América, muy pronto el centro del mundo, mientras oía por cuarta vez, la repetición de su discurso en el televisor.
Desde abajo, parecía observarlo el proyecto al que le había dedicado los últimos meses, una representación exacta del la principal ciudad de la Nueva Era, en el centro de lo que una vez fue Nueva York. La maqueta a escala, se reducía a varios círculos concéntricos, que el centro resguardaban la capital mundial del nuevo orden, con una estatua de, futuros, cincuenta metros de altura a imagen y semejanza de sí mismo.
—Pronto el mundo será mío, —dijo brindando solo, con una copa de champagne— después de todo, ya conquiste Troya.
Rió. La idea de la comparación le pareció tan irreal como cierta, la única diferencia era que no había Príamo que defendiera con éxito la infranqueable barrera del los estados libres.
—Pero si un Agamenón, con el ejercito más grande que ha visto el mundo. —Se corrigió entre risas estridentes, mientras sorbía hasta el fondo el elixir de los nuevos dioses.
—Por los éxitos —dijo apuntando con la copa vacía a una joven que estaba en su cama—.
La miro detenidamente un instante antes de comenzar a quitarse la ropa. El calvario de la joven solo duro unos minutos. Luego se fue a duchar.
Fran Wentworth Havok, aun estaba mojado cuando escucho el tono de su teléfono celular con el aviso de Deverov del progreso —o la falta completa del mismo— cruzo delante de la cama donde se oían llantos ahogados de una de la chica, la miro de reojo observando cómo cubría su desnudes con la sabana y pensó que quizás podría empezar otra vez, pero verdaderamente no era lo que quería.
Releyó el mensaje, y se detuvo un instante antes de destruir parcialmente el aparato contra la pared contigua. Se agarro la cabeza, y comenzó a maldecir, y patear el suelo, pisando el charco que acababa de dejar en el piso de mármol. Se detuvo un instante en el aire antes de caer con gran peso en el suelo. Y desde ahí noto la verdad del día. Necesitaría un mercenario para acabar con un mercenario.
Durante sus cincuenta y tres años, de los cuales más de cuarenta se había dedicado al manejo de dinero, si había algo de lo que podía jactarse era de su conocimiento sobre la gente, quizás no a simple vista, pero si notaba con bastante antelación —quizá la necesaria—, antes de que se jugara una traición en su contra.
Luego de morir su padre, quien no había sido muy buena persona pero al menos le había enseñado todo lo que sabía sobre los negocios a su hijo, el pequeño Frannie, como lo llamaba su madre. Desde que el tenia uso de razón, en su casa, una mansión en las afueras de una zona residencial en Chicago, Illinois; siempre hubo movimientos mafiosos en la empresa de armamento de su padre, un ex combatiente de la segunda guerra mundial, no por estar en el campo de batalla sino por encargarse de los negocios clandestinos de los que su gobierno no debía enterarse.
Así consiguió aumentar la fortuna familiar, como un cuervo, alimentándose de los restos desperdigados en toda Europa, y él había crecido con ese pensamiento. —“Enriquecerse a cualquier costo, hijo, sacar ventaja de donde sea. Esa es la base de un buen negocio.
Recordó la pregunta que le había hecho en una ocasión mientras revisaba unos números que no cerraban y perderían unos cuantos millones antes de que terminara la temporada.
—¿Y si no hay ventaja de la cual beneficiarse padre?
—Es simple, muchacho. La creas, creas la ventaja que te favorezca.
Y esa fue la última clase, lo que su padre nunca le había dicho era que debía cuidarse de la ventaja que creara, porque como el Boomerang vuelve, así vuelven los malos negocios con cabos sueltos.
Su padre falleció una semana antes de que el cumpliera los trece, ¿había sentido dolor? Se preguntaba mentalmente algunas veces al año, hasta que su recuerdo se disolvió como la nieve en primavera. Jamás, sentía lastima por la muerte de su padre, pero no lo extrañaba en lo más mínimo. Un hombre como él debió prever que los negociados a ambos bandos de las guerrillas haitianas, debían atraer a la muerte, si uno no era cuidadoso, claro.
Havok Industries vio el esplendor en los ochenta. Para la década del noventa ya era potencia, y ¿quién lo había notado? Nadie, hasta el tres de julio de 2013, cuando fue demasiado tarde.
Se puso de pie, frotándose la cintura, donde se había golpeado al caerse, y rebusco entre los papeles de la habitación del Marriot que había visitado para pasar la noche, próximamente se instalaría en la nueva Casa Blanca, dio con el celular de repuesto que buscaba, y pensó en el pobre muchacho que había sido su secretario, un tal Mario, o Robert… que falta le hacía en esos momentos, necesitaba buscar un número de teléfono y no entendía ni la mitad de los comandos de un Blackberry miro a la chica que seguía sollozando, no sería de gran ayuda en esos momentos.
—Ya vete de aquí. —Le grito—. Antes de dejar el hotel, habla con el guardia del pasillo, tiene un dinero para ti.
—Desgraciado hijo de puta. —Le contesto la muchacha con todo el odio repulsivo que tenía guardado en el estomago.
—Sí, sí. Ya lo sabía, déjale tu número puede que te contacte otra vez.
—Ya lo creo que si viejo impotente.
Pego un portazo al salir. Havok se quedo mirando la ausencia de la habitación, las prostitutas al menos guardaban el secreto.
—Quizás debería dejar a esas chiquillas. —Contesto al vacío, en voz baja.
Encontró el numero que buscaba, sabiendo que los cabos sueltos siempre comprometían a los inocentes —como el—. Llamo rezando que el sujeto no hubiera tirado su celular con el cambio global. Al cuarto tono alguien contesto gritando sobre un ensordecedor sonido de música.
—¿Hablo con...?
››¿Quién demonios habla? ¿Cómo es que puede llamar?
A principio, Havok, esperaba la voz de un hombre, pero la persona que atendió no era ni más ni menos que una mujer con la voz apenas más grave que una modelo de pasarela. —¿Hablo con Gunsmith? —Repitió
››No sé de qué está hablando, a no ser que sea un cliente. Lo cual sería más que razonable si tenemos en cuenta de que el planeta entero está en guerra y las telecomunicaciones no funcionan desde hace casi tres días, creo.
Definitivamente, pensó, se trata de una mujer, no puede tirar tantas palabras en los primeros quince segundos de una conversación.
—Necesito hablar con Gunsmith, es por una trabajo importante y muy secreto.
››Déjeme hacerle una pregunta, —interrumpió— ¿es usted del gobierno? No, no lo creo ni aunque fuera el último asesino de la tierra me llamarían a mí.
—El nombre no es importante. Páseme con Gunsmith, con un demonio. Es importante.
››Yo soy Gunsmith, ¿Qué es eso tan importante? Oh, ya sé quien es…
—Escúcheme bien señorita si esto es una broma…
››¿Broma? ¿No sé porque habría de serlo? ¿O usted es otro de esos imbéciles que se creen muy machos como para aceptar que una mujer les haga el trabajo sucio?
—De acuerdo. Antes del amanecer la quiero frente a mí.
››De acuerdo, pero en estos momentos estoy en Australia, en una fiesta muy importante. No creo que haya nadie tan importante en estos momentos como para que deje la comodidad de mi departamento… a menos de que usted sea quien yo creo que es.
—¿Y quién cree que soy? —Probó.
››El Rey del nuevo mundo. —Dijo ella sin vueltas— ¿un tal Havok?
Fran Havok borró la sonrisa, la situación le parecía muy cómica, había solicitado en dos oportunidades de Gunsmith, de las cuales se había encargado su gente de contratar, la primera para silenciar a un integrante de la mafia asiática, al cual lo habían atrapado con una cargamento recién horneado de sus armas. Y la segunda no lo recordaba, ¿era un familiar de un político en contra de las leyes de libre mercado? ¿O se trataba del coreback que había fallado el último punto del super Bowl, dos temporadas atrás?
En ambas situaciones había sido un trabajo limpio. Pero jamás le habían dicho que se trataba de una mujer, siempre y cuando buscara información sobre el Jericho perdido en América del sur, o como Deverov estaba jugando a sus espaldas; no le importaba en realidad quien hiciera el trabajo.
—¿En cuánto tiempo puede estar en el aeropuerto señorita?
››Eso depende de cuánto se tarde usted en reactivar el transporte aéreo.
—Inmediatamente. —Dijo prepotente— Cuando llegue a los Estados Unidos
(demonios tengo que pensar un nuevo nombre)
la escoltaran de inmediato hasta mi ubicación. Hablaremos de negocios. ¿De acuerdo?
‹‹10-4.
Corto la comunicación; irritado, húmedo, golpeado y desnudo.
—Esta no es la imagen que debería dar un Rey. —Suspiro en voz baja.
8
—Persecución—
La carrera contra la muerte acaba de comenzar, el Black Hawk se detuvo a escasos metros sobre su cabeza, y se mantuvo en el aire durante unos segundos, justo cuando cuatro sogas cayeron al suelo. Por ellas bajaron hombres empuñando unos fusiles MP5 —fácilmente reconocibles por el tamaño, la ergonomía y porque habían sido diseñados por su padre, la noche anterior no habia podido reconocerlos— quienes, aparentemente, no lo habían visto.
Chris giro levemente la cabeza al tiempo que el helicóptero ganaba altura y se dirigía en dirección noreste a una velocidad anormal para ese tipo de vehículos. Lentamente comenzó a avanzar entre los restos de escombros de edificios aledaños, un pie delante de otro. Rezando que no notaran su presencia.
—Vivo, ¿entendido? —Grito uno de ellos que reconoció como el capitán, desde esa distancia era mucho más grande de lo que había distinguido a lo lejos. —Sepárense.
Los cuatro soldados tomaron direcciones diferentes por las destrozadas calles que se abrían paso a través de la ciudad de Florianópolis.
El que estaba más cerca de él era un tipo rubio, de edad media pero rostro con aspecto de asesino, igual que el resto. Pudo distinguir que en el pecho tenían el dibujo de un lobo. Imaginó que así debían designar al escuadrón.
A menos de diez metros de distancia, empezó a caminar con más firmeza, alejándose rápidamente del paso furtivo del soldado, miro una vez sobre su hombro esperando que aun no haya notado su presencia y se perdió dentro del esqueleto de un edificio derrumbado.
Alpha ordeno a varios equipos de La Nueva Era de las cercanías que se acercaran hasta la zona de la costa en búsqueda de un hombre con importante información en su poder.
Les dio la descripción de Chris Jericho, y ordeno su aprensión con uso medido de la fuerza y bajo órdenes explicitas de NO matarlo.
Al instante el ambiente se cubrió con el sonido de helicópteros a baja altura, seis de ellos en total, y enseguida encabezaron la búsqueda los Jeeps de las tropas NE, cada uno equipado con torretas de largo alcance, con capacidad de carga de municiones antiaéreas o de “uso domestico” como llamaban a las de pequeño calibre para las hordas de enemigos.
Para Chris fue simple matemática, si se quedaba en aquel lugar en cuestión de segundo lo encontrarían, y si se movía lo verían con facilidad.
Código binario. –Repitió mentalmente. Mientras oía la voz interna de las células sedientas de sangre.
Comenzó a correr al exterior. Siguiendo una amplia avenida, vacía en aquellos momentos, diviso en el claro cielo dos Hawks que viraban en su dirección, en aquellos momentos debía emplear la inteligencia y las nuevas habilidades, el ejercito N E, ya lo había encontrado.
El cuerpo de Christian Jericho comenzó a segregar adrenalina, lubricando los músculos y poniendo en funcionamiento las habilidades motrices nuevas que había sentido horas antes, de algún modo se sentía libre en aquella situación, como si su vida dependiera de situaciones de muerte segura para funcionar correctamente. A menos de bien metros, en la salida de la siguiente calle, un Jeep giro a toda velocidad en su dirección, despidiendo humo de los neumáticos. Aceleró la marcha al tiempo que Chris, llevado por una inconsciente habilidad de corredor, impulso sus pies en el pavimento cada vez a distancias más largas, en medio de ambos vehículos, el de metal y caucho, y el de pura carne y sangre chocaron dos vientos contrarios. El muchacho salto con furia al vehículo, y callo con arrogancia para seguir corriendo a la misma velocidad. Su cuerpo emanaba una gran temperatura, anormal para los humanos, y la ropa que traía comenzaban a romperse con el roce veloz de sus brazos y piernas.
El auto tras el giro en U, y arremetió nuevamente, y delante de diviso la figura de otros dos vehículos sobre su cabeza y sin perderle pisada se había posicionado uno de los Hawks. La mente de Christian que funcionaba a una velocidad diez veces mayor y progresando con cada inyección de adrenalina en su corriente sanguínea, había calculado las posibilidades de una jugarreta extrema, en el peor de los casos solo se quitaría de encima a uno de los Jeeps, y en el mejor de los casos… no había pensado en eso todavía, estaba a punto de comprobarlo.
Mientras tanto el capitán de la manada, había recibido la información de que se habían topado con el muchacho. Sin más vehículo que alguno de los que habían abandonado los ciudadanos brasileros, tomo “prestado” un Fiat Palio plateado. En un instante lo puso en marcha y maldijo la poca previsión de la búsqueda. Se dirigió rápidamente a la avenida por la que
(¿corría a más de noventa kilómetros?)
se escapaba el muchacho. En seguida le llego la información del salto sobre el vehículo. Acelero a fondo cruzando pilas de escombros y restos humanos.
Sabía que tras él, a cincuenta metros estaba el Jeep, y delante, a unos ciento veinte metros, venían otros dos que aceleraron la velocidad. Corrió unos metros más que duraron un instante, lo justo para que todos los vehículos se dispusieran en las distancias que él quería y contaba con la posibilidad del efecto sorpresa de realizar actos que los demás jamás habían visto. De ese modo no le pondrían atención al tránsito.
En el lugar exacto llevo todo el peso de su cuerpo hacia delante apoyándolo sobre la pierna derecha extendida, la misma inercia hizo que sus músculos se plegaran como un pistón neumático de músculos, al volver a la posición original un segundo después su cuerpo salió despedido en un ángulo de noventa grados, a más de siete metros de altura.
En aquel instante, su instinto activo una nueva habilidad, vio como el tiempo se detenía ante sus ojos. Los tres vehículos enfrentados, el Black Hawk tras él. Y su propia imagen suspendida en el aire. Al llegar al punto máximo de altura y comenzar a caer por efecto de la gravedad, todo se reactivo a la velocidad normal. A la mitad de la distancia del suelo, uno de los Jeeps que estaba delante impacto de frente contra el otro que una milésima de segundo antes había frenado, el peso del armatoste lo lanzo a gran velocidad y altura. Cuando el cuerpo de Chris cayó al suelo, oyó una explosión.
El vehículo había impactado de frente contra el helicóptero, volando ambos en pedazos y fundidos en una estructura de llamas y metal cayeron al asfalto. El auto restante continuó con la inercia y varias vueltas de trompo después lo llevaron directamente al Jeep que tenía enfrente. Una nueva explosión sacudió el ambiente. Chris ya estaba exhausto y sabía que pronto agregarían más vehículos a su captura.
Comenzó a correr normalmente en dirección sur por una calle pequeña.
Alpha recibió la conversación de los demás soldados por radio, al tiempo que veía la escena que estaban describiendo. Aun no podía creer que un ser humano pudiera efectuar semejantes actos. Pero todo estaría por verse. En un par de horas Alexandr recibiría los apuntes y los cadáveres el tendría una respuesta racional.
Mientras tanto conseguir al objetivo con vida se estaba tornando más difícil de lo que parecía.
Aun aturdido, y sin tiempo para reponerse, oyó los helicópteros sobrevolar la zona de calles cada vez mas angostas. Los oídos le describían una escena inimaginable, podía diferenciar al menos catorce vehículos participando en su persecución, lo cual significaba que seguir a pie era inútil. Dobló en una esquina hacia la derecha y en la siguiente hacia la izquierda. No tenía la menor idea hacia donde huir. Era la primera vez que pisaba suelo brasilero —la segunda, si contaba el mini tour del día anterior hasta la isla—. Y por tanto no conocía la zona, reconoció el símbolo de estacionamiento e ingresó a un edificio que apenas parecía afectado por la situación que habían sufrido los demás.
Al parecer los escuadrones que habían atacado la noche anterior habían destruido gran parte de la zona costera, seguramente para imponer un estado de terror —y quien no lo tendría con tanta violencia, pensó— al alejarse de la zona de ataque todo parecía volver a la normalidad, salvo por el ambiente cargado humo, y el agrio olor de carne y plástico quemado. La total ausencia de personas le recordó las imágenes del holocausto.
Seguía pensando en el porqué del ataque, y cuál era la razón de fusilar a su familia, y por sobre todo se preguntaba que estaba pasando con él.
Corrió por un ancho pasillo que bajaba a los subsuelos, e instintivamente una voz le grito la posibilidades de que lo atraparan bajo tierra.
No tendría posibilidades de escapar. —Dijo para sí.
Con un ligero esfuerzo salto unos dos metros al piso superior donde el pasillo subía los pisos superiores. Definitivamente debía haber autos, se dijo. —Espero que los halla—. En el recodo volvió a subir, ante él se hallaba la primera planta completamente vacía. Afuera se oían los motores de los vehículos militares que se alejaban y se acercaban, a esas alturas ya debían haber notado que estaba en un edificio. Llego al fin de la rampa. Segunda planta vacía. Tenía ligeras nociones de que el estacionamiento contaba con tres plantas, la ultima sería su última oportunidad. Se detuvo unos instantes a tomar un poco de aire calculando las posibilidades.
Si un piso más se pondría en evidencia ante los vehículos aéreos. Pero cabía la posibilidad de que algún auto se hallara estacionado. Por otro lado, si desandaba el camino, si bajaba, los Jeeps darían con él.
Intento controlar la respiración. La ciudad se alzaba ante el rodeando un domo de destrucción y caos. Oía, a lo lejos, los pájaros negros y metálicos en el aire, y a los Jeeps que se acercaban en esa dirección. Pero había algo más.
—Tropas a pie. — Exclamó.
Comenzó a correr hasta que el cielo azul lo cubrió de brillo. Allí había estacionados al menos seis autos. Durante un instante su mente reacciono ante el sentido común. Llego ante el primero, un sedan bordo. Lo atacó un pensamiento.
Jamás he robado un auto, ¿cómo se supone que lo haga? —Dijo una voz mental, fácilmente reconocida como la conciencia.
Amago con romper el vidrio del conductor, y noto que era muy largo para maniobrar en las bajadas del estacionamiento. Miro a su alrededor, buscando una nueva y mejor opción. En el extremo oeste descubrió su única opción. Reconoció al auto compacto como un Fiat, supuso que estaría bien. Se dirigió de inmediato, notando de cerca los helicópteros haciendo vuelos rasantes de reconocimiento. Rompió el vidrio y la alarma comenzó a sonar al instante. Lo ataco el pánico y se paralizó una eternidad. Recordó un pequeño truco que había aprendido la vez que había perdido el control remoto del auto de su padre.
Levanto el capot, liberando el motor “cuatro cilindros 1.5L” —según rezaba una leyenda en la tapa de cilindros— desconecto los cables de la batería, y los volvió a conectar cuando cesó el ensordecedor sonido.
Cuatro soldados de la N E corrían a la par de los altos edificio de una zona de oficinas cuando oyeron la característica alarma de un auto. Sabían que solo se activaría en caso de ingreso furtivo al mismo. Solo duro medio minuto pero les fue más que suficiente para determinar la posición del “robo de auto”. De inmediato dieron aviso a las unidades aéreas, ya que ninguno de ellos pensaba enfrentarse a ese sujeto. Aun les hervía la sangre al ver el impresionante desarrollo en combate. Y lo increíble de la maniobra evasiva o lo sorprendentemente rápido que se movía.
Se reunieron en la entrada de un estacionamiento y aguardaron órdenes. De inmediato acudió a ellos el nuevo capitán de la operación. Al que había que llamarlo Alpha. Un ruso que no tenía ningún aspecto de soldado, sino más bien de mercenario asesino. Un “As” del cuchillo de caza, como decían en las líneas.
Chris subió al auto aun sin saber cómo haría el puenteo. Saco el manojo de cables y agradeció no haberse subido al volvo, la cantidad era impresionante, sabía que debía pelar uno y hacer un puente en otro, uno que llevara electricidad directo al encendido de las bujías. Pero la gran pregunta era cual de todos ellos era.
Probó tres combinaciones, sorprendiéndose de lo rápido que reaccionaba su cuerpo, como si no le perteneciera, y se sorprendió al oír el ronroneo, casi quejido, del motor. Presiono el acelerador a fondo sin mover la caja de cambios, maldijo su torpeza y puso primera con el sonido característico de que estaba casi en posición equivocada apenas por encima de las ruedas rasgando en el cemento. Se dirigió a la salida con gran velocidad, notado como sus manos reaccionaban automáticamente ante lo que veían sus ojos.
Bajo un piso y giro 180º usando el freno de mano. Bajó el siguiente piso, y el siguiente. Se encontró de frente ante un comité de bienvenida. Durante un momento espero que vaciaran sus cargadores sobre él, pero eso no ocurrió aun así no levanto el pie del acelerador y paso entre ellos hasta la calle.
Un helicóptero se mantenía estático a una altura prudencial entre los edificios, y dos jeeps bloqueaban el paso a cien metros. Nuevamente uso el freno de mano para girar en U y volver a la otra salida. Vio al sujeto con cara de pocos amigos que ordeno con la mano que dispararan. Pero ninguna bala impacto en el auto.
El Black Hawk levanto vuelo, siguiendo la carrera del objetivo, desde el aire pudo notar como se le unían a la persecución mas Jeeps de la orden, y podía determinar que en seiscientos metros le cerrarían el paso.
La persecución se había dilatado lo suficiente, y si el propio lobo Alpha no le había quitado la vida o había ordenado el fuego a discreción, aun sabiendo las consecuencias que eso podría traerle con Deverov, era porque ahora él se sentía atraído por la fuerza del muchacho, cualquiera que hubiese visto en directo lo que el muchacho era capaz de hacer hubiese vendido a su alma, por algo como lo que él hacía. Su instinto le decía que era una carta interesante para quien lo tuviera. Sabía que Deverov experimentaría con él. Ya había ordenado cosas parecidas en un conflicto cerrado en África en los noventa. Quizás aun había oportunidades de hacer algo para cambiar el futuro inmediato que se le acercaba.
—Detengan el vehículo. Es imperativo que sobreviva. —Ordeno.
Jericho se dirigía a 190 kilómetros por hora y casi a la misma velocidad giro en la calle siguiente, la velocidad de reacción aumentaba a cada instante y sabía que permanecer mucho tiempo en la misma dirección era peligroso.
Si algo había aprendido muy bien de los videojuegos como el Need for Speed era que la policía siempre te alcanzaba en una recta. Lo irónico era que esta era su primera
(y única, espero)
persecución en la vida real y no tendría la posibilidad de repetirla si algo salía mal.
Bajo a ciento ochenta kilómetros, el motor rugía y las partes temblaban, y entonces lo impensable, de una calle transversal por la que el conducía se cruzo un convoy con una torreta que disparo un ráfaga al motor.
El auto se sacudió y empezó a perder estabilidad. Solo se le ocurrió acelerar mas, la dirección no le respondía con fidelidad y no podría hacer giros bruscos. A trescientos metros se cerró una barricada. Su campo visual se centro en la acción que se desarrollaba adelante, la velocidad del auto había bajado a noventa kilómetros por hora. El cálculo le mental le devolvió que tenía menos de diez segundos para reaccionar. Pero su mente reaccionaba diez veces más rápido que eso y ya había sacado los cálculos de supervivencia.
Alpha espero con una sonrisa maliciosa que el muchacho frenara y se pusiera a rezar, por el contrario lo que ocurrió a continuación le borro la sonrisa y supo que no solo había perdido al objetivo, sino que su futuro inmediato se había disuelto. Destrozado, despedazo, pulverizado quizás.
El auto a casi cien kilómetros por hora impacto contra tres vehículos que hacían las veces de barricada. El impacto provoco una explosión que repercutió en los vidrios aledaños. El calor le había llegado al rostro suficientemente caliente como para evaporarle el sudor.
En el extremo oriental europeo, dentro de una montaña a doscientos metros de altura se seguía desarrollando la reunión con la que unos pocos intentaban cambiar el futuro de muchos.
-No podemos confiarnos de él. De ellos. –Comentó Hermes. Al marcharse el agente católico.
Locke miro a todos a la vez esperando algo de información que, claramente no tenia.
Vrancêa miro al ex CIA, y al del SWAT. –Tenemos una misión de entrenamiento, supongo.
-¿Qué sucede? –Interrogo con mirada desahuciada el muchacho de la NSA.
-No confiamos en nadie. Y menos en la iglesia. –Contesto Seal.
-¿De modo que creen en las conspiraciones?
-No solo en las conspiraciones. Hay pruebas más que refutables de que las religiones siempre han interferido en las realidades más crudas de la raza humana. –Apoyo Hermes.
-Quizás esta vez la iglesia católica, el Vaticano digamos, no tenga nada que ver, pero este sujeto, Il Cannonciale, no tiene escrúpulos, están amparados por el papa, todo su trabajo. ¿Y si él es uno de los gusanos que paso información de todas las organizaciones?
-Una vez alguien dijo, “no hay mentira más grande que la religión”, yo tengo otra frase sacada de contexto sobre eso.
-¿Y cuál es? Preguntaron los otros.
-“No hay mafia mas grande, que la iglesia.”
-Eso es… muy inspirador. –Bromeo Locke- ¿Pero contra quien vamos, la Santa Iglesia Católica, o el desgraciado de Havok?
-En principio por limpiar la basura del interior de las agencias.
-¿Cómo haremos eso? Digo no, tenemos nada funcional.
-Creo que La Nueva Era ha subestimado la inteligencia humana. Y estoy seguro de que no han tenido en cuenta algo.
-¿Tenemos un As? Ya lo creo que si… pero solo voy a decírselo a Locke.
El muchacho sonrió al resto, era la primera vez que lo tomaban en cuenta para algo tan importante, sea lo que fuera ese “As”, ahora estaba a la cabeza de la facción contra La Nueva Era.
-Y dime… ¿Por qué yo?
John de santos se le adelanto a Vrancêa.
-Porque eres muy idiota para traicionar a esta pequeña organización.
La sonrisa del muchacho se le borro de la cara, busco apoyo en el rostro del “organizador”. Pero este asintió con la mirada cansada.
-¿Qué es lo que sabemos? –Interrumpió Hermes, con una sonrisa en el rostro.
-No mucho, pero muy interesante. –Empezó Vrancêa-. Encontró la manera de colarse en los satélites mundiales, todos ellos. Y aparentemente comenzó a descargar información que luego uso en contra de las naciones, tengo confirmaciones globales de que recibió apoyo interno de todas las organizaciones, -miro a los presentes- de todas ellas.
-Es como un maldito cáncer. Puede haber doble agentes en todos los sectores. ¿Cómo sabemos que uno de los presentes, o no presentes, no está envuelto con la N E?
Hubo miradas de desconfianza que recorrieron todos los ángulos de la sala. El aire se espesó con el calor corporal que despedían los ex soldados y agentes.
Locke nuevamente corrió el asiento para evitar ser víctima de la violencia de alguno de ellos. Principalmente del israelí o el palestino que estaban cada uno a un lado.
-Creo que necesitamos un descanso caballeros…
-No, creo que no. Además, lo que digan los presentes no tendrá relevancia en el caso. Si actuaron como doble agente en su país, en su organización, ¿qué les impide hacerlo aquí?
-Que estoy yo –Gritó Tank, mientras se abalanzaba sobre la mesa para saltar sobre uno de los de la fuerza aérea.
Los demás, exaltados se corrieron y luego intentaron detener al “tanque” que sostenía del cuello, al otro sujeto.
Al cabo de unos minutos las cosas habían cesado, el chacal, Pensahof, Seal, y Simmons, contenían a Tank de Santos.
Mientras que permanecían a cierto resguardo de el piloto canadiense.
-¿Qué tienen que decir?
-Que hable el señor “glándulas sudoríparas”
El otro permanecía en el suelo, aun con las manos en frotándose los moretones que comenzaban a aparecer en su cuello.
-No tengo porque aguantar esto. –Dijo con acento francés, mientras se ponía de pie.
Se marcho al extremo de la habitación-cueva, esperando junto al italiano, un convoy para marchase. Se escucharon unos pasos amortiguados que echaban a correr tras ellos, se les unió el Carabinieri griego.
El grupo de tres personas, descontentas con la facción, miraban con desconfianza al resto. Y estos hacia lo propio.
Mientras tanto, Locke había ido parar al extremo opuesto. Confiaba férreamente en el ex SWAT, y también sabía que algo ocultaba “el organizador”. Podía notarlo en su rostro. Sabia bastante de fisionomía, dada su habilidad para animar personajes renderizados para la empresa japonesa capcom, antes de dedicarse por completo a la fractura de códigos complejos para la NSA, observo al piloto canadiense, y vio que las axilas de su camisa estaban húmedas, a pesar de que él era el más débil no había traspirado un minuto, podría haberse cagado del susto, pero no transpirar porque no tenía nada que ocultar
(Porque eres muy idiota para traicionar a esta pequeña organización)
Le habían dicho. Y tenían razón. No tenía razones para traicionarlos. Pero todos ellos eran sospechosos potenciales. Inclusive el organizador. Principalmente él –pensó con firmeza-. Pero debía haber razones más allá del dinero.
Escruto los rostros de ellos uno a la vez, como si intentara romper el código password, hasta saber que había dentro de sus cabezas.
-Dios, que bien me vendría, un café y algún shooter. –Exclamó- ¿Un videojuego?
Los demás lo miraron, acomodándose en sus lugares.
-No pido mucho… Si tienen el Army of two me conformo. Y el café con dos cucharadas de azúcar.
Tank le sonrió. Como sonríen los hermanos mayores.
9
—Un tema de confianza—
En el extremo oriental europeo, dentro de una montaña a doscientos metros de altura se seguía desarrollando la reunión con la que unos pocos intentaban cambiar el futuro de muchos, luego de las presentaciones se habían tomado un receso de unas cuantas horas para descansar y acomodarse en las instalaciones.
El Arca incluía varios de los adelantos tecnológicos que saldrían a la luz en un par de años, y muchos otros que no vería jamás y que solo eran usados por los servicios secretos y militares. A pesar de todo, el equipo de Vrancêa no pudo tomar contacto con ningún satélite. Esperaba que Lock lograra algo más.
—No podemos confiarnos de él. De ellos. —Comentó Hermes acerca del agente católico ausente.
Lock miro a todos a la vez esperando algo de información que, claramente no tenia.
Vrancêa los observo a todos, luego dirigiéndose a Tank y Hermes dijo.
—Tenemos una misión de entrenamiento, supongo.
—¿Qué sucede? —Interrogo con mirada desahuciada el muchacho de la NSA.
—No confiamos en nadie. Y menos en la iglesia. —Contesto Seal.
—¿De modo que creen en las conspiraciones?
—No solo en las conspiraciones. Hay pruebas más que refutables de que las religiones siempre han interferido en las realidades más crudas de la raza humana. —Apoyo Hermes.
Tank asintió.
—Quizás esta vez la iglesia católica, el Vaticano digamos, no tenga nada que ver, pero este sujeto, Il Cannonciale, no tiene escrúpulos, están amparados por el papa, todo su trabajo. ¿Y si él es uno de los gusanos que paso información de todas las organizaciones?
—Una vez alguien dijo, “no hay mentira más grande que la religión”, yo tengo otra frase sacada de contexto sobre eso. —Dijo Tank con una disimulando una sonrisa.
—¿Y cuál es? Preguntaron los otros.
—“No hay mafia mas grande, que la iglesia.”
—Eso es… muy inspirador. —Bromeo Lock— ¿Pero contra quien vamos, la Santa Iglesia Católica, o el desgraciado de Havok?
—En principio por limpiar la basura del interior de las agencias. —Dijo Hermes.
—¿Cómo haremos eso? Digo, no tenemos nada funcional. —Interrogo Seal.
Se oyeron murmullos aislados.
Hermes observo a Vrancêa que permanecía en silencio.
—¿Tenemos un as, jefe?
—Ya lo creo que si… pero solo voy a decírselo a Lock.
El muchacho sonrió al resto, cargado de orgullo, era la primera vez que lo tomaban en cuenta para algo importante, sea lo que fuera ese “As”, ahora estaba a la cabeza de la facción contra La Nueva Era.
—Y dime… ¿Por qué yo? —Dijo aun sonriendo
John de santos se le adelanto a Vrancêa.
—Porque eres muy idiota para traicionar a esta pequeña organización.
La sonrisa del muchacho se le borro de la cara, busco apoyo en el rostro del “organizador”. Pero este asintió con la mirada cansada.
—¿Qué es lo que sabemos? —Interrumpió Hermes, con una sonrisa en el rostro.
—No mucho, pero muy interesante. —Empezó Vrancêa—. Aparentemente La Nueva Era encontró la manera de colarse en los satélites mundiales, todos ellos, y comenzó a descargar información que luego uso en contra de las naciones, tengo confirmaciones globales de que recibió apoyo interno de todas las organizaciones, —miro a los presentes— de todas ellas.
—Es como un maldito cáncer. Puede haber doble agentes en todos los sectores. ¿Cómo sabemos que uno de los presentes, o no presentes —dijo con énfasis—, no está envuelto con la N E?
Hubo miradas de desconfianza que recorrieron todos los ángulos de la sala. El aire se espesó con el calor corporal que despedían los ex soldados y agentes.
Lock nuevamente corrió el asiento para evitar ser víctima de la violencia de alguno de ellos. Principalmente del israelí o el palestino que estaban cada uno a un lado nuevamente.
—Creo que necesitamos un descanso caballeros…
—No, creo que no. Además, lo que digan los presentes no tendrá relevancia en el caso. Si actuaron como doble agente en su país, en su organización, ¿qué les impide hacerlo aquí?
—Que estoy yo —dijo Tank, mientras se abalanzaba sobre la mesa para saltar sobre uno de los de la fuerza aérea.
Los demás, exaltados se corrieron y luego intentaron detener al “tanque” que sostenía del cuello, al otro sujeto.
Al cabo de unos minutos las cosas habían cesado, el chacal, Pensahof, Seal, y Simmons, contenían a Tank de Santos.
Mientras que permanecían a cierto resguardo de el piloto canadiense.
—¿Qué tienen que decir? —Interrogo Vrancea enfadado.
—Que hable el señor “glándulas sudoríparas”
El otro permanecía en el suelo, con las manos frotándose las enormes marcas rojas que comenzaban a aparecer en su cuello.
—No tengo porque aguantar esto. —Dijo con acento francés, mientras se ponía de pie.
Se marcho al extremo de la habitación-cueva, esperando junto al italiano, un convoy para marchase. Se escucharon unos pasos amortiguados que echaban a correr tras ellos, se les unió el Carabinieri griego.
El grupo de tres personas, descontentas con la facción, miraban con desconfianza al resto. Y estos hacían lo propio.
Mientras tanto, Lock había ido a parar al extremo opuesto. Confiaba férreamente en el ex SWAT, y también sabía que algo ocultaba “el organizador”. Podía notarlo en su rostro. Sabia bastante de fisionomía, dada su habilidad para animar personajes renderizados para la empresa japonesa, antes de dedicarse por completo a la fractura de códigos complejos para la NSA, observo al piloto canadiense, y vio que las axilas de su camisa estaban húmedas, a pesar de que él era el más débil no había traspirado un minuto, podría haberse cagado del susto, pero no transpirar porque no tenía nada que ocultar
(Porque eres muy idiota para traicionar a esta pequeña organización)
Y tenían razón. No tenía razones para traicionarlos. Pero todos ellos eran sospechosos potenciales. Inclusive el organizador. Principalmente él —pensó con firmeza—. Pero debía haber razones más allá del dinero.
Escruto los rostros de ellos uno a la vez, como si intentara romper el código password, hasta saber que había dentro de sus cabezas.
—Dios, que bien me vendría, un café y algún shooter. —Exclamó para calmar los ánimos— ¿Un videojuego?
Los demás lo miraron, acomodándose en sus lugares.
—No pido mucho… Si tienen el Army of two me conformo. Y el café con dos cucharadas de azúcar.
Tank le sonrió. Como sonríen los hermanos mayores.
Al cabo de media hora de receso, comenzaron las discusiones acerca del siguiente paso para el inicio de la segunda guerra fría, aunque para muchos de ellos, la primera jamás había acabado, simplemente se agregaron mas protagonistas y se pusieron en juego intereses más importantes o de mayor valor monetario.
—Debemos atar cabos sueltos, se los digo esa banda que dejo las instalaciones nos traerán problemas. —Vociferó Tank.
—Antes caballeros quiero ponerlos al tanto de la información que poseo. Creo que es importante.
Lock miro sobre la pantalla del ordenador portátil que acaban de darle para que “liberara la presión de los últimos días”. Presiono la tecla de guardado rápido y bajo la pantalla, dando por terminada la sesión de cruel irrealidad cibernética.
Vrancêa prosiguió.
—He determinado, mejor dicho, mi equipo y yo hemos determinado que Havok Industries comenzó a planear el ataque mundial hace por los menos diez o quince años.
Las miradas planearon alrededor de toda la sala.
—¿Cómo es eso posible?
—Bueno debido a que nadie controla su propia economía. Fran Havok contrato cientos de testaferros alrededor del mundo para que le compraran equipo militar de avanzada. Además de robar proyectos militares y tecnológicos, o ambos. Y de “regalar otros”.
Lock levanto la mano. Pero nadie le puso atención.
—Al parecer cuando se unió a la organización religiosa no-lucrativa conocida hace dos décadas como El Nuevo Amanecer…
—Los recuerdo —dijo Hermes— desaparecieron del globo como por arte de magia, pero hubo un hecho más importante que oculto su desaparición…
—Así es. Como ya deben saber, las religiones no desaparecen porque si, puede haber cambios radicales de creencias debido a un interés capital, o quizás una disolución a la fuerza como las que suceden con las que apadrina el Vaticano, y debido a algún hecho oscuro les suelta la mano.
Lock volvió a levantar la mano, nadie le puso atención y siguió Tank.
—De modo que ninguna organización puso atención a este hecho que es llamativo en sí. Pero ¿qué sucedió?
—Bueno, en el mismo año… —Empezó Vrancêa—, un supuesto sabotaje a la NASA, que termino con un la explosión de un trasbordador y siete vidas.
—Estalla el conflicto en Asia. —Propuso Mohammed.
—Una creciente denuncia hacia la Iglesia por pedofilia. —Interrumpió Lock, pero pasaron por alto su opinión.
—Robo de capital del banco central, la aparición de ex Gestapo, en América Latina. —Continúo Simmons.
—Ataques terroristas a Sedes judías en América. —Expuso Tank.
—Entre otras cosas, algunas públicas y otras no. —Finalizó Vrancêa.
Hermes asintió.
Vrancêa prosiguió.
—De modo que tienen una cuartada o varias, más que elegantes para ocultar algo más oscuro detrás de esto.
—Pero también es cierto que Havok comanda ejércitos bajo el nombre de Nueva Era. —Saltó Lock.
Los otros lo miraron.
—Parece que el muchacho dio en el clavó. —Bromeó Vrancêa—. Es cierto, Havok se unió un año antes de que El Nuevo Amanecer ase disolviera, y desde entonces el Orden de La Nueva Era se encargo de reclutar a mercenarios y terroristas de todo el mundo, y supuestamente darles la amnistía que otras religiones no permiten.
—Es posible que los reclutara por conocimiento. —Opino Simmons.
—¿Doble agentes? —Manifestó Pensahof, sin rastro de acento—. Se ha hecho desde que existen las guerras.
—No suena mal. Si lo piensan de ese modo tendría años de información sobre las debilidades de cada nación. —Argumentó el árabe.
—¿Qué hay de la tecnología? —Preguntó Lock.
Solo recibió miradas de incertidumbre.
—Tengo una idea acerca de eso, ¿si es que quieren oírla? —Amenazó con una sonrisa pintada de oreja a oreja.
10
—En Maine—
Al otro lado del mundo, Alexandr Deverov escuchaba atento el discurso del último de los conquistadores egocéntricos.
—¿Dominar al mundo? Por favor —comentó sarcásticamente— como si no hubiésemos tenido bastante con Alejandro Magno, Atila, Agamenón, Ramsés, Xerxes y tantos otros en las épocas en que el mundo resplandecía de aguas claras, y a cada paso había cientos de tesoros. La paga no era buena, así que debían saquear más que suficiente para subsistir unas cuantas temporadas. Hasta que el pez más grande devoraba al pequeño… o al distraído.
Seguía sonriendo con cada frase de secretario con una 9 mm en la nuca, cuando recibió el llamado que esperaba.
‹‹Aquí N E 039, a veinte minutos de aterrizar en el aeropuerto. Me han dicho que le avisara señor.
—De acuerdo, que la guardia espere mi llegada antes de proceder.
‹‹Muy bien, Señor. Con todo respeto, Señor, llevamos cadáveres, no se retrase.
Alexandr cortó la comunicación, y se dirigió de inmediato a la zona de aterrizaje. Sintió un ligero cosquilleo en los dedos. Las ultimas notificaciones del objetivo habían templado las esperanzas de ponerle las manos encima a lo que el muchacho llevara en la sangre, después de todo, el también tenía Ego, y uno bastante difícil de complacer.
Si él fuera capaz de desarrollar habilidades como esas, sumadas a sus conocimientos militares…
—El límite es el cielo. —Declaro en ruso, recordando la antigua frase.
Acelero a fondo por la avenida vacía, que comenzaba a ser concurrida por los trabajadores del nuevo orden. Havok podría tener delirios de grandeza y ser un imbécil, pero al parecer ambas cualidades en uno de los hombres más ricos del planeta —después del difunto rey de las computadoras— habían logrado algo imposible. La conquista del imperio capitalista.
Le envió un mensaje a Fran Havok para que se quedara tranquilo, y de paso ganar algo de tiempo.
En diecisiete minutos cronometrados recorrió los quince kilómetros y medio que lo separaban del aeropuerto, el McDonald-Douglas de la Nueva Era aun no había aterrizado.
Al cabo de unos minutos ordeno al grupo de soldados que se hallaban en las cercanías del aterrizaje, que trasportaran los cuerpos a una dirección segura en el estado de Maine. El también iría, pero cómodamente en su Hummer y solo con la carpeta. Y por cierto, para que no quedaran cabos sueltos, envió a una misión suicida al piloto del avión y al resto de los integrantes de la comitiva de recibimiento, del conductor que llevara los cadáveres hasta Maine, ya se encargaría mas tarde.
Diez minutos después emprendió la marcha hacia un futuro incierto, seguido de cerca de un joven haitiano, al parecer acababa de dejar los pañales el mes anterior y hasta ayer se había dedicado a liderar una pandilla en algún lugar de América, no sería gran problema para el capitán de los lobos, ni mucho menos una pérdida importante para el ejercito de La Nueva Era.
Activo el GPS del panel frontal de la camioneta, y pulso los pequeños controles para indicar la dirección, estaba a punto de conocer el lugar donde efectuaría el descubrimiento y si todo salía bien, donde también efectuaría el cambio.
Una voz femenina, algo sensual para un aparato electrónico le indico que no encontraba la señal satelital.
—Demonios, maldito Havok, ¿cuando piensas restablecer el sistema? —Maldijo, mientras conectaba su PDA a la entrada de USB del mapa portátil.
En unos minutos trianguló las distancias con el satélite de la Nueva Era, al menos eso no había dejado funcionar, y era muy útil para el que conocía la puerta trasera de la contraseña de 30 dígitos con el que Havok había cerrado el sistema.
De nuevo la voz del sistema de posicionamiento global hablo, esta vez para avisarle cuantos kilómetros lo separaban del destino, y luego indicarle que tomara la interestatal.
En algunas horas de tranquilo tráfico habían llegado hasta la casa segura en el estado de Maine, en una zona turística alejada de del centro de la ciudad. Aparco el Hummer descuidadamente sobre un pequeño arreglo de flores. Aquel lugar tan alejado les dejaba la coartada perfecta ante los ojos de la Orden, desde hacia quince minutos que Deverov intentaba recordar a que numero ascendía los adeptos a la “religión del futuro”. ¿Diez millones, doscientos? —Quien sabia, el numero debía haber aumento un diez por ciento para esa hora.
El otro soldado bajo de la Toyota, también prestada, y se dirigió a la parte trasera para quitar la lona de la caja. Alexandr le hizo una seña. El muchacho haitiano se dirigió hacia él.
—Escucha hijo, —dijo con tono paternal recordando el que usan los norteamericanos para con sus soldados— ve dentro de la casa descansa que tendrás que reubicarte para seguir con el trabajo.
—Sí señor. Por cierto soy André Kito.
Como si me interesara.
—Ok, André, entra come algo, descansa. —Forzó una sonrisa.
La puerta de la pequeña casa se había abierto, salieron dos personas vestidas con delantales, una mujer de mediana edad y un hombre algo más joven. —Enfermeros, pensó Alexandr—. Tras ellos salió otro hombre, un anciano alto y delgado, quitándose unos guantes ensangrentados que tiro a un lado antes de salir. Sin mirar al muchacho.
—Veo que has traído un sujeto de pruebas esta vez. —Le sonrió mientras estrechaba fuertemente la mano del Capitán—.
—Lo pensé de camino, Nathaniel. Ya lo hubiera ejecutado ni bien bajo de la camioneta.
El anciano sonrió.
—¿De qué se trata esto tan importante que me has hablado antes de venir? ¿Qué te tiene tan preocupado?
—Lee esto y dime si es posible. Luego te muestro un video. Y hablaremos.
El viejo les hizo señas a los enfermeros para que bajaran los cuerpos de la Toyota.
Una vez dentro le entrego la carpeta que le habían traído desde Brasil. Kito había tomado un lugar en la cocina colonial y devoraba gustoso un sándwich. Nathaniel miro de soslayo a Deverov, y este empuño su arma y le dio un fuerte golpe en medio del cuello, el muchacho cayó pesadamente al suelo, dormiría al menos una hora.
Los enfermeros terminaron de entrar los cadáveres envueltos en mantas y los dejaron en la improvisada sala de autopsias en una de las habitaciones, luego llevaron al nuevo huésped atado de pies y manos, ambos sabían que un cuerpo vivo pesaba más que uno muerto, el porqué estaba lejos de su entendimiento, ambos eran sordomudos y algo menos inteligentes que el resto de la gente de sus edad. Seguían al pie de la letra lo Nathaniel Ford les ordenaba, sin objeciones y sin razonar.
—Ahora si Alex, dime.
—Mejor que decirlo, es verlo con tus propios ojos. Lee esto. —Le paso la carpeta con anotaciones de Jericho, con el rostro expectante de buenas noticias.
Al cabo de veinticinco minutos de irritante silencio. Nathaniel Ford, que apenas había levantado la vista hacia Deverov en dos ocasiones, cerro la carpeta y lo miro irresoluto; con más preguntas que respuestas.
—¿Qué demonios me has traído muchacho?
—Espera que aun hay más.
—¿Más? —Interrogo Ford como si fuera imposible.
Alexandr Deverov saco del bo